Cuando se habla de "marihuana" se tiende a imaginar una única planta, pero detrás de este nombre se esconde una historia botánica de casi tres siglos, hecha de clasificaciones científicas, descubrimientos en territorios remotos y una continua evolución genética.

Conocer los distintos tipos de marihuanas que existen ayuda a entender mejor también el presente: por qué hay plantas altas y estilizadas junto a otras bajas y compactas, por qué algunas resisten el frío siberiano y otras no, y por qué hoy la gran mayoría de lo que existe es en realidad un híbrido.

Una sola especie, tres grandes familias

Desde el punto de vista botánico, el género Cannabis ha sido objeto de debate científico durante más de dos siglos: algunos investigadores lo consideran una única especie (Cannabis sativa L.) con varias subespecies, mientras que otros sostienen que se trata de especies diferenciadas.

Más allá de esta disputa taxonómica, la clasificación más extendida y utilizada todavía hoy reconoce tres grandes familias: sativa, índica y ruderalis. A estas se suman los híbridos, que actualmente representan la inmensa mayoría de las variedades existentes.

Comparación visual entre plantas de cannabis sativa, índica y ruderalis
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Cannabis sativa: la primera en ser clasificada

La historia de la clasificación científica de la cannabis comienza en 1753, cuando el naturalista sueco Carlos Linneo (Carl von Linné), padre de la taxonomía botánica moderna, describió por primera vez la planta en su obra Species Plantarum, denominándola Cannabis sativa.

El término "sativa" proviene del latín y significa simplemente "cultivada", en referencia a una planta ya ampliamente utilizada por el ser humano para la producción de fibras, semillas y aceites.

Las variedades sativa son originarias principalmente de regiones ecuatoriales y tropicales —el sudeste asiático, Centroamérica, partes de África y Sudamérica— donde el clima cálido y las largas temporadas de luz favorecieron plantas altas, de hojas finas y alargadas, con ciclos de crecimiento más largos que los de las otras familias.

Cannabis índica: el descubrimiento en el subcontinente indio

Treinta años después de la clasificación de Linneo, en 1785, el naturalista francés Jean-Baptiste de Lamarck describió una segunda variedad, observada en el subcontinente indio, a la que llamó Cannabis indica.

Lamarck notó que estas plantas, procedentes de regiones como India y, en general, del sur y centro de Asia (incluidas zonas del actual Afganistán, Pakistán e Himalaya), presentaban características morfológicas distintas a las de la sativa: porte más bajo y compacto, hojas anchas y oscuras, y una mayor capacidad de adaptación a climas de montaña y a temporadas de luz más cortas.

Planta de cannabis índica de porte bajo y hojas anchas en un entorno de montaña
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Cannabis ruderalis: el descubrimiento siberiano del siglo XX

La tercera de las grandes familias tiene una historia más reciente y menos conocida. En 1924, el botánico ruso Dmitrij Erazmovich Janischewsky, mientras estudiaba poblaciones silvestres de cannabis a lo largo de la cuenca del río Volga y en el sur de Siberia, se dio cuenta de que estaba ante plantas radicalmente distintas de las ya clasificadas.

Eran pequeñas (entre 30 y 80 cm), de ramificación escasa, hojas anchas pero pocas, y un ciclo de vida mucho más rápido. La llamó Cannabis ruderalis, del término latino rudera ("escombros"), ya que crecía de forma espontánea en terrenos baldíos y alterados, un comportamiento típico de las llamadas plantas "ruderales", las primeras en colonizar un suelo tras un evento de perturbación.

La característica más significativa de la ruderalis es su capacidad de florecer de forma autónoma respecto al fotoperiodo (las horas de luz y oscuridad), a diferencia de la sativa y la índica, que dependen estrictamente del ciclo estacional de la luz para pasar de la fase vegetativa a la floración. Esta peculiaridad, desarrollada como adaptación a los breves veranos siberianos, está hoy en la base genética de las llamadas variedades "autoflorecientes".

Planta de cannabis ruderalis pequeña y compacta típica de Siberia
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Los híbridos: el encuentro entre familias distintas

Con la difusión global de la cannabis a lo largo del siglo XX, cultivadores e investigadores de todo el mundo comenzaron a cruzar plantas procedentes de estas familias para combinar sus características: la resistencia climática de la ruderalis, el vigor de la sativa, la compacidad de la índica.

El resultado son los híbridos, que hoy constituyen la inmensa mayoría de las variedades conocidas, cada una con una combinación distinta de rasgos genéticos heredados de sus "progenitoras".

Esto explica por qué, al hablar con cualquier persona familiarizada con el mundo de la cannabis, es habitual escuchar expresiones como "híbrido de dominancia sativa" o "híbrido de dominancia índica": se trata de plantas que comparten características de ambas familias, pero con predominio de los rasgos de una de las dos.

Por qué esta historia sigue siendo relevante hoy

Conocer el origen y la historia de estas clasificaciones no es solo un ejercicio de curiosidad botánica: ayuda a entender por qué la cannabis, siendo genéticamente una única planta en su base, se ha diversificado tanto a lo largo de los siglos, adaptándose a climas y usos muy distintos entre sí.

Desde las fibras textiles de la antigüedad hasta las variedades hoy estudiadas en el ámbito médico y científico, conocer bien los tipos de marihuanas que existen es, en definitiva, la mejor forma de entender la enorme diversidad de esta planta.