Entre todos los derivados de la cannabis, el hachís es probablemente el que tiene la historia más larga y fascinante.

Para entender bien hachís qué es, hay que mirar mucho más allá de los coffee shops de Ámsterdam o los dispensarios de California: sus raíces se hunden en Asia Central, Persia y Oriente Medio, en un pasado que se entrelaza con leyendas, rutas comerciales y algunas de las civilizaciones más antiguas del mundo.

Qué es el hachís

El hachís es un concentrado obtenido a partir de la resina de la planta de cannabis, separada del resto del material vegetal y trabajada hasta conseguir una pasta compacta, generalmente más oscura y más potente que la flor de la que procede.

A diferencia de otros productos derivados de la cannabis, su elaboración tradicional no requiere disolventes químicos, sino técnicas manuales transmitidas de generación en generación: la separación de los tricomas (las diminutas glándulas resinosas de la planta) mediante fricción manual o tamizado en seco.

Los orígenes más antiguos: del Neolítico a China

Los primeros indicios del uso de la planta de cannabis por sus efectos se remontan al Neolítico, cuando el ser humano descubrió sus propiedades.

Los documentos escritos más antiguos que hablan de ella proceden de China, donde la planta ya era conocida y utilizada con fines medicinales y como fibra textil muchos siglos antes de la era cristiana.

Desde allí, según distintas reconstrucciones históricas, el uso de la resina se habría extendido hacia occidente siguiendo las antiguas rutas comerciales que atravesaban Asia —lo que siglos más tarde se conocería como la Ruta de la Seda— hasta llegar a Persia y Asia Central, donde empezó a tomar forma la producción del hachís tal como se conoce hoy.

Antiguas rutas comerciales de Asia hacia Persia y Oriente Medio
Créditos de la foto

Persia, Oriente Medio y el antiguo Egipto

Fue precisamente en Persia y Asia Central donde se desarrollaron las primeras técnicas reales de extracción de la resina, inicialmente basadas en la fricción manual de las plantas vivas para recoger las glándulas resinosas y formar pequeñas bolas compactas (una técnica que, con algunas variaciones, sobrevive hoy en India y Nepal bajo el nombre de charas).

Desde estas regiones, su uso se extendió por todo Oriente Medio y el norte de África, incluido Egipto, donde la planta y sus derivados se emplearon con fines medicinales, religiosos y sociales durante siglos —en un contexto, el del mundo islámico, en el que el consumo de alcohol estaba prohibido, y el hachís encontró así su propio espacio en la vida cultural y social de muchos pueblos.

Estatua del antiguo Egipto
Créditos de la foto

Textos árabes que datan ya del siglo XI hablan abiertamente del uso social del hachís.

A este periodo histórico se vincula también una de las leyendas más célebres relacionadas con esta sustancia: la de los Hashashin, una secta de guerreros persas a la que la tradición popular (más que la investigación histórica seria) atribuía el uso ritual del hachís antes de sus misiones —un relato del que, según algunas hipótesis etimológicas por otro lado debatidas por los historiadores, derivaría la palabra "asesino".

La mayoría de los historiadores modernos considera esta historia más un mito propagandístico difundido por los enemigos de la secta que una realidad documentada, pero el relato ha contribuido durante siglos a rodear de misterio a esta sustancia.

El encuentro con Occidente: de Marco Polo a Napoleón

Fue el célebre viajero veneciano Marco Polo, alrededor de los siglos XIII-XIV, quien llevó a Occidente algunos de los primeros testimonios directos sobre la existencia y el uso del hachís en Oriente, contribuyendo también a difundir el mito de los Hashashin.

Siglos más tarde, con la expedición francesa a Egipto liderada por Napoleón Bonaparte a caballo entre los siglos XVIII y XIX, los soldados franceses conocieron de cerca el uso del hachís entre la población local —un episodio a menudo citado como uno de los momentos clave en la difusión de la sustancia en Europa, donde en el siglo XIX se popularizaría especialmente entre artistas e intelectuales bohemios.

Producción tradicional de hachís mediante tamizado
Créditos de la foto

La evolución de las técnicas de producción

Un salto técnico importante se produjo entre los siglos XVII y XVIII en Afganistán y otras zonas de Oriente Medio, con la difusión de las técnicas de tamizado en seco, que sustituyeron gradualmente al método tradicional de fricción manual.

Esta nueva técnica permitía trabajar cantidades de material mucho mayores en menos tiempo, una evolución que coincidió con el crecimiento de la demanda, alimentada también por la difusión simultánea de la costumbre de fumar tabaco llegada del Nuevo Mundo, que llevó a mezclar ambas sustancias.

El hachís en el mundo contemporáneo

A lo largo del siglo XX, el hachís se extendió aún más por Occidente, en particular a partir de los años sesenta, coincidiendo con la contracultura hippie y los movimientos de viajeros que recorrían las rutas hacia Asia.

Hoy, Marruecos es el principal país productor y exportador de hachís del mundo, seguido de Afganistán y otras zonas de Asia Central, mientras que Europa representa históricamente el principal mercado de consumo.

Una historia tan larga como la de la propia planta

Repasar la historia del hachís significa, en el fondo, repasar una parte de la historia humana: desde las primeras civilizaciones agrícolas de Asia, pasando por las rutas comerciales que conectaban Oriente y Occidente, hasta las campañas militares y los movimientos culturales que marcaron su difusión global.

Entender bien hachís qué es implica, por tanto, entender un producto que, nacido de un gesto tan simple como frotar una planta entre las manos, ha atravesado miles de años y otras tantas civilizaciones.